Era aquel bar en dónde muchas veces nos encontramos, llegué temprano para lo que suelo hacer y me senté en un asiento de la terraza: no me dí cuenta de que en la silla de enfrente estaba puesta tu chaqueta. Volvió mi colega con mi cerveza en la mano y apareciste tú; llevabas una camisa con transparencias que sugería mucho, pero no mostraba nada, tu maquillaje y pintalabios te hacían parecer mayor de lo que eres, aunque en el fondo seguías pareciendo la chiquilla que eras; tu pelo seguía igual de bonito que siempre y tu cara al verme fue de sorpresa, no de desagrada como se podría esperar. Me encendí un cigarro, mi último cigarro, mientras sonaba alguna aburrida canción sobre como alguien sufre porque su amor no le es correspondido. Tu mirabas al infinito distraída mientras jugabas con tu cerveza; tal vez estuvieses pensando en la mala suerte de que fuese a elegir ese sitio frente a ti, o fantaseases con la posibilidad de encontrar a un chico guapo con el que ligar aquella noche. Yo pasaba el tiempo mirándote, observándote, recordando cada uno de esos poros de piel que mis manos rozaron alguna vez hace algún tiempo. Entonces comenzó a sonar un piano que a ambos nos era familiar, demasiado familiar; comenzó a sonar nuestra canción. Nuestros ojos se cruzaron, los tuyos tenían un fuego que me atraía hacia ti, como si fuesen canto de las sirenas que atraía a los marineros a la muerte.
No quiero nada, nada más
Mientras nos mirábamos atrayéndonos como dos polos opuestos nuestros cuerpos permanecían inmóviles; nuestras almas se aproximaban para unirse en un acto más allá de los físico
No tengo miedos, nos tengo dudas, lo tengo muy claro ya
En esas uniones es cuando yo veía que en no mucho tiempo podríamos ser la mejor pareja del mundo, hacernos felices, vivir para siempre, ser uña y carne; ser siempre tuyo y tu siempre mía.
Todo, todo, todo, todo, yo quiero contigo todo; poco muy poco a poco, poco que venga la magia y estemos solos, solos, solos, solos, yo quiero contigo solo
En esos momentos no puedes negar que te tengo, te veo despertando en mi cama, comiendo juntos, cenando juntos, jugando a la consola, viendo películas, conviviendo, teniendo hijos, nietos, bisnietos y muriendo, siempre juntos, siempre dos. En los buenos y en los malos momentos, en la salud y en al enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe; ningún cura dijo esas palabras, pero para estos sentimientos las palabras muchas veces sobran.
La pena es que la canción acabó, volvió a sonar otra estúpida canción de desamor, nuestras almas se volvieron a separar, mis sueños se volvieron a estrellar contra el suelo y mi vida; bueno mi vida nunca llegó a ser mas que estos momentos contigo.
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