viernes, 15 de julio de 2016

Carta a todas mis catástrofes universitarias

Queridas catástrofes, hoy se ha añadido una nueva entre vosotras. Quiero que saludéis a vuestra nueva hermana mostrándoos tal como sois. La primera puede decir que, una profesora universitaria justificaba ante sus alumnos sus continuas faltas de asistencia o llegar tarde a clase diciendo que tenía una enfermedad tan grave como un cáncer, cáncer que no fue más que una farsa para justificarse ante los alumnos, pero que no coló entre los directivos. Una catástrofe que parecía que iba a ser la única de la universidad, ya que la universidad debería ser otra cosa; pero por desgracia no fue así. La siguiente puede ser incluso compartida, ya que se mezclan varios profesores que trataban a sus alumnos como un estorbo más que como alumnos, profesores que se comen un yogur enfocándose la boca con la cámara del ordenador y poniéndolo en el proyector para ''comprobar que la lengua es un organismo vivo'', suspenso diciendo que  la asistencia era voluntaria, pero después era motivo para suspender aunque se tuviera el examen aprobado.

Pero la catástrofe de hoy se ha ido haciendo desde febrero, es una catástrofe en la que una profesora decide suspender a un alumno por '' no usar corrector y tener una examen sucio'', cuando el examen tenía un tachón de este tamaño. Luego me recomendó el uso de corrector (cosa que los demás profesores casi prohíben), pero en el siguiente examen me suspendió por '' usar corrector y tener un examen sucio''. Pero quitando eso, hoy he ido a la revisión de examen, porque me ha puesto un 2,2 y mi examen estaba para algo más; lo primero es que la revisión empezaba a las 10:00, pero hasta las 10:40 la profesora no ha estado disponible para empezar; después, al entrar en su despacho sus primeras palabras han sido '' no puedo sacar más puntos de los que te he puesto'', pero después ha ha comenzado a decir cosas como '' hay que tener cara para presentarse a un examen sin estudiar'' juzgando mi trabajo por un resultado que no se acerca al tiempo de estudio invertido. Pero después ha dicho algo que me ha parecido muy interesante; ha dicho '' se nota que ni usted ni la clase tiene ni idea sobre Beatriz Cienfuegos'' una escritora de la que no se tienen datos porque apenas ha sido estudiada; pero lo interesante es, si la clase no tiene ni idea ¿es por culpa de que los alumnos no estudian o de que los profesores no les saben transmitir sus conocimientos?

A veces en clase escucho el grito de la literatura preguntado si hay algún doctor en la sala durante las clases, ya que en muchas ocasiones hay alumnos que reciben una formación inadecuada por parte de los docentes, a veces en la universidad me pregunto si los doctores están en la universidad o en el instituto. muchos profesores hacen tanto con tan pocos recursos que sorprende que otros, con tantos recursos, no sean capaces de transmitir conocimientos importantes. Ya que en una generación cercana a la mía se graduaron en filología hispánica sin haber dado ni una clase sobre El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, pero puede pasar que haya otra generación que se gradúe sin haber dado ninguna clase sobre Gabriel García Márquez. La literatura y la lengua lloran juntos en mi facultad, lloran por la cantidad de catástrofes que las rodean aquí.

Si me dijeran de volver al pasado, seguiría entrando en la misma carrera ni digo a nadie que no entre, ya que la carrera es una de las más bonitas que pueden hacerse, pero si lo hiciera sabiendo lo que me espera seguramente lo agradecería mucho. A veces me pregunto si por mi facultad habrá un doctor para decirle que es imposible volar hasta el espacio del conocimiento si desde los despachos cortan las alas a los alumnos.

Con esto y muchos abrazos me despido de vosotras, mis catástrofes, espero que no se sume ninguna más y que nadie más las experimente en el futuro.

PD: no suelo pedir esto, pero si has leído esto y piensas igual, comparte y difundamos esto.

miércoles, 18 de mayo de 2016

En defensa del cuerpo

Vuelvo después de muchos meses sin pasar por aquí, pero no lo hago por los motivos que me gustaría. Hace poco leí este articulo que habla ''en defensa de la delgadez''; bueno, lo primero que hay que explicar es que puede (sé que tal vez cueste entenderlo) defender una cosa sin atacar lo contrario, lo segundo es que es muy gracioso que el final del articulo diga ''en vez de esforzarnos por ser políticamente correctos, trabajemos el arte de dejar a la gente en paz'' cuando se pasa medio articulo atacando y criticando a la gente gorda, y tercero, discapacitado no es un eufemismo de paralitico, ya que la palabra discapacitado incluye muchas más cosas que paralíticos. Pero ninguna de esas tres cosas me ha ofendido, sino el momento de decir que a él le insultaban con frases como "chico, que de perfil casi ni se te ve" o "a ver si comemos un poquito" o "es que casi da grimita verte". Entonces a mí, como persona gorda, me insultan también, porque me cuesta diferenciar eso con frases que me decían como ''parece que ya has dejado el gimnasio de lado'' o ''a ver si dejamos algún bollo para los demás''. Y lo siento por el redactor de ese articulo, pero no cuela; no se puede comparar el acoso que sufren las personas gordas, que pueden derivar en diferentes problemas de salud más allá de su peso, con el acoso que reciben las personas delgadas. Es cierto que una persona delgada puede tener problemas por no engordar, igual que una persona gorda por no adelgazar, pero decir que al flaco se le insulta por ''un acto de liberación, de desahogo. A lo mejor se esconde algo de envidia'' me parece un disparate. Lo siento, soy gordo y me siento ofendido. Porque en ese mismo articulo he omitido insultos hacia los gordos, algo muy relacionado con el final del articulo de dejar vivir a cada uno como quiera, y lo vuelvo a sentir, pero no creo que a los niños delgados se les acose igual que a los niños gordos, ni se les machaque mentalmente igual, porque es mucho más fácil atacar lo diferente, y lo diferente hoy día es que el cuerpo importe lo justo para que esté sano.

Aunque el problema no es el artículo en sí, sino la imagen de la sociedad, el ideal irreal creado para sacar dinero a gordos y flacos, un ideal que hace que si estas gordo tengas que adelgazar para que los demás te acepten, y si estas delgado tengas que ponerte fuerte para tener éxito social; las dos tonterias mas grandes en las que todos caemos. Yo por mi parte decidí comerme esas ideas y hacer de mi cuerpo mi propio templo; lo cuido lo necesario para tener salud, pero sin privarme de tener una dieta que me gusta. Y ejerceré mi derecho de dejar que cada uno se cuide o no según quiera. Muchos besos a todos los cuerpos, espero veros pronto

El articulo en cuestión: http://www.revistagq.com/la-buena-vida/articulos/en-defensa-de-la-delgadez/23892

lunes, 25 de enero de 2016

Los seres únicos - Oniria

En el mundo hay otros seres, seres que raramente puede ver un humano, seres cuyos actos tratan de ser explicados por la ciencia. Oniria es uno de esos seres; Oniria era un hada que volaba invisible entre los humanos observando sus sueños e ilusiones. Antes, cuando era humana, Oniria fue una mujer que dejó de lado sus sueños e ilusiones. Ella siempre quiso dedicarse a la música, pero sus padres no vieron la utilidad en eso y prefirieron que estudiará otros idiomas, unos idiomas que no eran capaces de llevarla a los mundos que ella quería, a los mundos que ella tenía en su cabeza entre ritmos y letras, pero que no era capaz de alcanzar. Así creció, estudió muy duro y logró un titulo universitario; pero sus sueños seguían estando en su cabeza, esperando ser alcanzados. Pero Oniria prefirió seguir con su vida, dejar de lado a todos esos sueños; tuvo varios pretendientes, pero ninguno la llenó tanto como lo hacía su ansiedad por alcanzar esos sueños que veía desde pequeña. Oniria decidió que algún día intentaría alcanzarlos, pero nunca encontró tiempo para intentarlo. Entonces murió, sola, sin nadie que la llorará, sin nadie que supiera nada sobre esos sueños que quería alcanzar. Pero entonces renació, nació como Oniria, nació como otra de esas hadas que miran los sueños de los demás, sin saber que esos sueños pueden ser los que los condene a vivir una eternidad de mirar los sueños de los demás si no se intentan. Oniria no era la única hada que miraba los sueños de los demás; había otra hada que tenía destellos de su vida; una vida en la que dos adultos peleaban ante ella, en la que unos niños la perseguían y maltrataban cada día, y un recuerdo final del calor de sangre fluyendo por sus muñecas. Esa otra hada había tenido una vida mucho más dura que la de Oniria, pero el final había sido el mismo; aunque estaba claro que Oniria había decidido renunciar a sus sueños, mientras que la otra hada no había tenido opción a empezar a luchar por ellos. Una de las características que unían a las hadas era que ninguna podía recordar su vida en su plenitud, sino que recordaban fragmentos de sus vidas, como pequeñas puñaladas de culpabilidad. Tal vez no fuese justo, pero nadie dijo que el Destino lo fuera.

Ninguna de las hadas dormía nunca, no lo necesitaban ya que se alimentaban de los sueños que tenía cada persona; se alimentaban del sueño del chicos durmiendo en el quinto, de la chica con los auriculares mientras caminaba por la calle en cualquier dirección, del chico que pintaba los colores y luces del parque de la ciudad, de los chiquillos que miraban por la ventana mientras el profesor explicaba su lección en la pizarra. Un día Oniria iba volando por la ciudad cuando se fijó en una niña, estaba en clase apartada de todos los demás, mirando por la ventana. Era una niña rubia, de unos cinco años y con unos ojos azul cielo que brillaban mientras miraba por la ventana. Oniria se acercó y miró dentro de sus sueños. Descubrió un gran mundo de color, había un gran campo de flores moradas, la niña corría a través de ese campo; corría mientras sonaban los acordes más bellos que Oniria recordaba. Mientras corría, la pequeña niña pasaba a ser una bella mujer; pero entonces se paró; de entre las flores pareció brotar un hombre, un hombre que hizo que todo cambiara. Oniria pudo ver como la niña avanzaba en la vida, como crecía junto a aquel hombre que apareció de entre las flores, como esa niña, ahora mujer, tenía dos niños preciosos, como ella envejeció y murió, rodeada de todos sus seres queridos.

Oniria sintió una gran felicidad, pero entonces se preguntó si ese sueño tan hermoso se haría realidad; decidió emprender un viaje a Ciudad Bohemia, una ciudad en donde todos los seres se reunían cuando acababan de nacer.

Al llegar a la Ciudad Bohemia, Oniria se maravilló. Sabía que había estado antes, pero no recordaba como era. Ciudad Bohemia era una sitio habitado por aquellas almas que querían seguir disfrutando de la vida después de la muerte, y también el lugar en dónde se encontraba el núcleo, el lugar al que iba las almas que querían volver al mundo y se lo habían ganado. Ciudad Bohemia estaba poblada por ciudadanos sin sexo ni edad, ni altura ni peso; estaba construida por cristales de diferentes colores y sus ciudadanos eran bolas de luces que se movían libremente por la ciudad, haciendo que la ciudad desprendiera luces de diferentes colores. En aquella ciudad, Oniria conoció a otros seres únicos, como un ser que caminaba por la tierra y que hacía que algún ser humano tuviera una pequeña visión del pasado; había otro que estaba condenado a ser el nexo entre humanos y almas, teniendo que transmitir todos los mensajes que le daban y sin poder expresar los suyos propios hasta acabar. Pero ninguno supo decirle en donde encontrar al Destino, ya que era caprichoso y podía deambular por cualquier sitio. Así que Oniria decidió esperarlo hasta que apareciera en Ciudad Bohemia.

Pasaron los meses, pasaron muchos seres únicos por Ciudad Bohemia, Oniria hizo muchos amigos, pero el Destino no apareció por allí, así que cansada de esperar, Oniria decidió volver a recorrer el mundo; pero justo cuando salió iba a salir de Ciudad Bohemia se cruzó con el chico de los sueños de aquella pequeña niña. Oniria corrió hacia él, apartó a todas las luces que se le cruzaban; cuando lo alcanzó Oniria descubrió que aquel era otro ser único, uno que no había conocido hasta ese momento. Se quedaron mirándose como si se conocieran desde siempre, pero ninguno de los dos lo recordaba. Con esa extraña sensación el chico se giró y se perdió entre el mar de luces que era la ciudad.

Oniria volvió a recorrer el mundo de los vivos, su primera parada fue aquella escuela en la que había visto a la niña, pero la niña ya no estaba allí; Oniria la esperó durante días, pero nunca apareció. Al quinto dia, Oniria vió a otro al Destino volando entre la gente. El Destino era una ser que volaba entre la gente creando las casualidades que hacen que cada vida cambie, pero nadie sabe en que se basa para decidir que vida cambiar y cuál no. Oniria voló hasta él, le agarró del brazo y se giró. Oniria le preguntó por la niña, el Destino se echó a reír ''esa niña a la que ves, la que me describes, no es más que la vida que podrías haber tenido si en vida hubieses luchado tanto por tus sueños como has hecho ahora por los sueños de esa muchacha; pero no temas, esta era la última experiencia que necesitabas para poder volver a la tierra de los vivos. Ahora puedes quedarte aquí recordando los errores de tu vida o volver a la vida, olvidando todo este mundo, pero con una cicatriz en tu alma''.

Oniria quedó destrozada, descubrió que en vida había rechazado todos sus sueños y por eso había estado pagando tras morir. Oniria decidió volver a la vida y olvidar todo aquel cruel castigo del Destino.

jueves, 7 de enero de 2016

07-01-16

¿Alguna vez habéis hecho un plan que explotó justo antes de empezar? Pues eso mismo es por lo que estoy pasando; tal vez para muchos sacar un uno en un examen después de estar casi un mes estudiando sea un chasco, o un golpe; pero para mí es mucho más. Es cierto que me cuesta aceptar cuando algo no sale bien o un rechazo (¿a quién no?), pero un golpe tan duro nada más empezar me ha hecho plantearme todo, es como si hubiese caído a un acantilado de esos que no se ven el fondo sin esperarlo, sin verlo, simplemente empezar a caer y sin saber cuando llegará el golpe. Hace poco hablando con una amiga me preguntó como es que no me rompía, ni recuerdo que le conteste, pero, por dentro, pensé que no me rompía porque ya estaba roto; pero hoy, con esta caída he comprobado que no estaba roto, porque ahora es cuando lo estoy. Ahora es cuando me planteo, por primera vez en todo lo que llevo de carrera, dejarla; me lo planteo porque, por primera vez, he llegado a un punto en que no sé si tengo la capacidad para hacerlo. No todos están tan capacitados como para tener una carrera, no todos tienen lo necesario para destacar y tener la oportunidad de cambiar las cosas. Cada vez tengo más claro que mi destino es diluirme entre un mar gris de gente, desaparecer ni que nadie me recuerde, se uno más del mar de gente que habita la ciudad.

Puede que sea el mal del mal escritor, intentar destacar en la escritura o en la enseñanza, pero viendo que mi vida académica es casi tan desastrosa como mi vida sentimental; y lo peor es que parece que nada vaya a cambiar.

jueves, 22 de octubre de 2015

Oh!

Y de repente todo se ve claro, todo aparece tal como es; y es deprimente. Todo se ve como una realidad en la que es fácil desplazar a los demás cuando los sentimientos no son los mismos, en dónde el dolor ajeno pasa desapercibido por las redes sociales como los telediarios en las televisiones; hoy no quiero hablar ni de ti ni de mi, pero no tengo otra cosa que hacer que pensar en nosotros; en lo que somos y en como el invierno se sienta siempre entre nosotros. Nuestros latidos siguen desacompasados, tal vez porque nunca estuvieron al mismo compás. Cuando tú gritas yo respondo, pero cuando yo grito tú no estás. Recuerdo que al verte ni te fijaste en mí, que cuando me conociste mi corazón ya latía por ti; pero ahora no late por tí, o quizás sí, no sé, a veces creo que late por inercia, por el recuerdo que alguna vez quiso que fuera pero no fue, o que quiere que sea pero sabe que no será, no sé. Sé que al respirar noto una grieta que me indica que se escapa el aire, o tal vez el alma; tal vez los demonios hayan rasgado tanto la pared que haya hecho un agujero, o tal vez una puerta por la que poder entrar. A veces necesito respirar tan fuerte que se ahoga todo a mi alrededor y me veo obligado a tener que empezar de nuevo todo, a veces solo quiero marcharme a cualquier otra parte, pero siempre hay un motivo para quedarme, a parte de que aquí estás tú. Quizás en otra vida tenga más suerte y me des a mí todo lo que yo quería en esta, tal vez sea yo el que no te lo da en otra vida, tal vez no nos encontremos jamás en ningún otro lugar. Lo que sé es que tus buenos momentos duran todavía menos que los míos, tus dudas e inseguridades hacen que te hundas porque nadie te intenta ayudar a evitar esa caída, y cuando yo lo intento me alejas porque no quieres mi ayuda; y cuando dices que no puedes soportar más está vida, que todo te pasa a tí, que estás fatal, pienso en que si estuvieras en mi situación no podrías más conmigo; esa situación de no poder darte lo que quieres porque no quieres que te lo de yo, porque quieres a alguien como yo pero sin ser yo; muchas veces pienso ¿y qué es lo que quieres? Una respuesta fácil, a otro. Mis demonios me echan en cara no poder ser lo suficiente bueno para ayudarte, y  yo siempre les acabo gritando OH MUÉRETE!

lunes, 19 de octubre de 2015

Historias del pasado

No sé que es lo que pasó, si tú estabas a mi lado y desapareciste, te hiciste invisible; pero al girarme y ver que no estabas me sentí raro. Fueron años de dulces y rosas en las papeleras, de visitas a lugares semejantes al cielo, de vernos y sentirnos. Pero un día te fuiste, sin que te viera, sin que lo notará. Pero en realidad no lo hiciste, estabas ahí, en cada rincón que hicimos que fuera exquisito, en cada momento que hacía salir mi alma del lugar en el que guarda tus recuerdos. Y es que hoy, a pesar de todo, no sé que es lo que pasó para que cayera aquel muro que parecía indestructible.

El concierto

Estábamos en la cola del pabellón esperando en la cola; tú llevabas la gastada camiseta del antiguo grupo de John Boy, decías que querías que tocará canciones de sus primeros discos con aquella banda, esas canciones que hicieron que tu mente volase a un mundo onírico e ideal, un mundo en el que tus sueños brillaban en un paisaje natural; yo te escuchaba hablar emocionada sobre su primer disco, su dura infancia, sobre como una dura adolescencia casi se lo lleva por delante, sus problemas con el grupo y sus inicios en solitario; pero a mí ni me gustaba ni me disgustaba, ni siquiera había oído ninguno de sus discos, pero me pediste que fuera y te acompañé. De hecho, John Boy no me caía bien, especialmente al oirte hablar tan bien de el; era un rockero saludable, un buen chico que, de vez en cuando, sacaba a sus demonios para pasear por el escenario con una guitarra eléctrica. Es curioso como cada persona tiene una forma de sacar sus demonios; un pintor los imagina en una escena o retrato y los enseña con sus pinturas y pinceles al resto de la humanidad, demostrando que los demonios que tiene cada uno dentro se parecen entre ellos; como un escritor busca cuadrar cada palabra para encajarla en un corazón para hacerlo saltar junto con el alma de cada uno de sus lectores al ver como un desconocido se ha colado en sus mentes y almas y ha logrado sacar una parte de ellas fuera; como un músico trata de cuadrar ritmos y palabras para que se cuelen por los oídos, lleguen al cerebro y de ahí bajen hasta el pecho para llegar al corazón y acariciarlo o maltratarlo con sus ritmos y letras; yo por mi parte tengo un blog que pocas personas leen, pero que un día recopilaré en un libro que nadie querrá comprar.

Entramos a la sala y seguías hablando de John Boy. hicimos amigos con los que charlar, pero todos vosotros os pusisteis a cantar canciones que yo no podía cantar. Las luces del pabellón se apagaron y todo el mundo empezó a gritar; John salió con su guitarra y una botella de agua en la mano; empezó con aquella canción que llevabas todo el día pidiendo, como si en algún momento te hubiese escuchado y hubiese decidido que no era mala idea; el ritmo de la guitarra estaba bastante bien y el tema hablaba sobre un chico normal, pero que tenía un mal dia que duraba cinco años. La verdad es que me sentí identificado con esa canción, puede que John al final si tuviera un don para llegar a los demás, puede que al final John no lo hiciera tan mal.