En el mundo hay otros seres, seres que raramente puede ver un humano, seres cuyos actos tratan de ser explicados por la ciencia. Oniria es uno de esos seres; Oniria era un hada que volaba invisible entre los humanos observando sus sueños e ilusiones. Antes, cuando era humana, Oniria fue una mujer que dejó de lado sus sueños e ilusiones. Ella siempre quiso dedicarse a la música, pero sus padres no vieron la utilidad en eso y prefirieron que estudiará otros idiomas, unos idiomas que no eran capaces de llevarla a los mundos que ella quería, a los mundos que ella tenía en su cabeza entre ritmos y letras, pero que no era capaz de alcanzar. Así creció, estudió muy duro y logró un titulo universitario; pero sus sueños seguían estando en su cabeza, esperando ser alcanzados. Pero Oniria prefirió seguir con su vida, dejar de lado a todos esos sueños; tuvo varios pretendientes, pero ninguno la llenó tanto como lo hacía su ansiedad por alcanzar esos sueños que veía desde pequeña. Oniria decidió que algún día intentaría alcanzarlos, pero nunca encontró tiempo para intentarlo. Entonces murió, sola, sin nadie que la llorará, sin nadie que supiera nada sobre esos sueños que quería alcanzar. Pero entonces renació, nació como Oniria, nació como otra de esas hadas que miran los sueños de los demás, sin saber que esos sueños pueden ser los que los condene a vivir una eternidad de mirar los sueños de los demás si no se intentan. Oniria no era la única hada que miraba los sueños de los demás; había otra hada que tenía destellos de su vida; una vida en la que dos adultos peleaban ante ella, en la que unos niños la perseguían y maltrataban cada día, y un recuerdo final del calor de sangre fluyendo por sus muñecas. Esa otra hada había tenido una vida mucho más dura que la de Oniria, pero el final había sido el mismo; aunque estaba claro que Oniria había decidido renunciar a sus sueños, mientras que la otra hada no había tenido opción a empezar a luchar por ellos. Una de las características que unían a las hadas era que ninguna podía recordar su vida en su plenitud, sino que recordaban fragmentos de sus vidas, como pequeñas puñaladas de culpabilidad. Tal vez no fuese justo, pero nadie dijo que el Destino lo fuera.
Ninguna de las hadas dormía nunca, no lo necesitaban ya que se alimentaban de los sueños que tenía cada persona; se alimentaban del sueño del chicos durmiendo en el quinto, de la chica con los auriculares mientras caminaba por la calle en cualquier dirección, del chico que pintaba los colores y luces del parque de la ciudad, de los chiquillos que miraban por la ventana mientras el profesor explicaba su lección en la pizarra. Un día Oniria iba volando por la ciudad cuando se fijó en una niña, estaba en clase apartada de todos los demás, mirando por la ventana. Era una niña rubia, de unos cinco años y con unos ojos azul cielo que brillaban mientras miraba por la ventana. Oniria se acercó y miró dentro de sus sueños. Descubrió un gran mundo de color, había un gran campo de flores moradas, la niña corría a través de ese campo; corría mientras sonaban los acordes más bellos que Oniria recordaba. Mientras corría, la pequeña niña pasaba a ser una bella mujer; pero entonces se paró; de entre las flores pareció brotar un hombre, un hombre que hizo que todo cambiara. Oniria pudo ver como la niña avanzaba en la vida, como crecía junto a aquel hombre que apareció de entre las flores, como esa niña, ahora mujer, tenía dos niños preciosos, como ella envejeció y murió, rodeada de todos sus seres queridos.
Oniria sintió una gran felicidad, pero entonces se preguntó si ese sueño tan hermoso se haría realidad; decidió emprender un viaje a Ciudad Bohemia, una ciudad en donde todos los seres se reunían cuando acababan de nacer.
Al llegar a la Ciudad Bohemia, Oniria se maravilló. Sabía que había estado antes, pero no recordaba como era. Ciudad Bohemia era una sitio habitado por aquellas almas que querían seguir disfrutando de la vida después de la muerte, y también el lugar en dónde se encontraba el núcleo, el lugar al que iba las almas que querían volver al mundo y se lo habían ganado. Ciudad Bohemia estaba poblada por ciudadanos sin sexo ni edad, ni altura ni peso; estaba construida por cristales de diferentes colores y sus ciudadanos eran bolas de luces que se movían libremente por la ciudad, haciendo que la ciudad desprendiera luces de diferentes colores. En aquella ciudad, Oniria conoció a otros seres únicos, como un ser que caminaba por la tierra y que hacía que algún ser humano tuviera una pequeña visión del pasado; había otro que estaba condenado a ser el nexo entre humanos y almas, teniendo que transmitir todos los mensajes que le daban y sin poder expresar los suyos propios hasta acabar. Pero ninguno supo decirle en donde encontrar al Destino, ya que era caprichoso y podía deambular por cualquier sitio. Así que Oniria decidió esperarlo hasta que apareciera en Ciudad Bohemia.
Pasaron los meses, pasaron muchos seres únicos por Ciudad Bohemia, Oniria hizo muchos amigos, pero el Destino no apareció por allí, así que cansada de esperar, Oniria decidió volver a recorrer el mundo; pero justo cuando salió iba a salir de Ciudad Bohemia se cruzó con el chico de los sueños de aquella pequeña niña. Oniria corrió hacia él, apartó a todas las luces que se le cruzaban; cuando lo alcanzó Oniria descubrió que aquel era otro ser único, uno que no había conocido hasta ese momento. Se quedaron mirándose como si se conocieran desde siempre, pero ninguno de los dos lo recordaba. Con esa extraña sensación el chico se giró y se perdió entre el mar de luces que era la ciudad.
Oniria volvió a recorrer el mundo de los vivos, su primera parada fue aquella escuela en la que había visto a la niña, pero la niña ya no estaba allí; Oniria la esperó durante días, pero nunca apareció. Al quinto dia, Oniria vió a otro al Destino volando entre la gente. El Destino era una ser que volaba entre la gente creando las casualidades que hacen que cada vida cambie, pero nadie sabe en que se basa para decidir que vida cambiar y cuál no. Oniria voló hasta él, le agarró del brazo y se giró. Oniria le preguntó por la niña, el Destino se echó a reír ''esa niña a la que ves, la que me describes, no es más que la vida que podrías haber tenido si en vida hubieses luchado tanto por tus sueños como has hecho ahora por los sueños de esa muchacha; pero no temas, esta era la última experiencia que necesitabas para poder volver a la tierra de los vivos. Ahora puedes quedarte aquí recordando los errores de tu vida o volver a la vida, olvidando todo este mundo, pero con una cicatriz en tu alma''.
Oniria quedó destrozada, descubrió que en vida había rechazado todos sus sueños y por eso había estado pagando tras morir. Oniria decidió volver a la vida y olvidar todo aquel cruel castigo del Destino.
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