lunes, 12 de mayo de 2014

12/05/14

Con las alas rotas llego al borde del precipicio; desde allí veo las nubes que están sobre las cabezas de la gente, veo los pájaros volando a través de un cielo azul que esta sobre mi cabeza; estoy en la cima del mundo, observando a la humanidad como si fueran de una especie distinta a la mía; tal vez lo sean, siempre me sentí diferente, extraño, apartado de la gran masa. Lo diferente siempre dicen que no es malo, pero parece que al final al diferente se le acaba apartando, alejando. En este precipicio se me plantea la duda ¿lo diferente merece ser salvado? a veces no es necesario un gran esfuerzo; simplemente un trato mas agradable, una igualdad, un gesto de compañerismo y camaradería, algo distinto; pero que solo los que son distintos entienden. Salto, noto el aire silenciar los sonidos que llegaban a mis oídos con un furioso estruendo debido a la caída a gran velocidad, las nubes pasan a mi lado sin que nada parezca parar la caída, a veces buscas en los demás algo que nunca encontraras, precisamente por ser distinto, por ser demasiado bueno, sensible o idiota; sigues cayendo, pero sin notar el mas mínimo movimiento, asi que con las alas rotas frenas la caída y caminas, porque te das cuenta de que al final nadie acudirá a salvarte.

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