lunes, 9 de diciembre de 2013

Microcuento

Despertó, como cada mañana estaba solo en casa, se preparo en silencio su desayuno diario; el tazón de cereales estaba un poco mas frío de lo habitual; fregó los platos, se afeito, se ducho y se cambio lo mas silenciosamente posible para no despertar a su mujer e hijo; era un día de una lluvia torrencial; los colegios estaban cerrados por riesgo de inundación, pero el debía ir a la oficina para cerrar una negociación importante, una negociación que le traería un ascenso, un sueldo mejor y, por tanto, una vida mejor. Debido a la lluvia la carretera estaba mucho mas vacía de lo habitual; solo tardo media hora en un recorrido que habitualmente le solía ocupar como mínimo una hora. Llego mas temprano de lo habitual, el parking de la empresa estaba vacío, asi que por un día pudo elegir el lugar en donde aparcar su coche. Antes de subir se decidió a pasar por la cafetería ya que tenia tiempo de sobra, pero al llego la encontró cerrada; tal vez Fermin había decidido no abrirla por la lluvia. Subió a las oficinas; al salir del ascensor colgó el abrigo en los percheros que había en la entrada. Tampoco había nadie en las oficinas pese a quedar solo quince minutos para la hora en que debería estar ya todo el mundo trabajando. Encendió el ordenador de su mesa y mientras arrancaba miro pos los despachos, todo estaba vacío. Al volver a su mesa se encontró con que el ordenador no solo no había arrancado, sino que estaba apagado y no encendía. Llamo al centro de mantenimiento; eran menos cinco y no contestaba nadie, asi que decidió bajar a ver si encontraba al encargado. Al llegar a la oficina del encargado de mantenimiento encontró la puerta abierta; la oficina estaba abandonada; como si hiciera meses que nadie hubiera estado allí. Volvió a su oficina pero la encontró vacía, ni mesas, ni sillas, ni nada; solo la luz que dejaban pasar las nubes durante la tormenta. Corrió al parking que seguía igual de vacío que cuando llego. arranco el coche y volvió a toda velocidad a su casa; pero aquella ya no era su casa; encontró a su hijo cogiendo otro coche camino a la universidad, a su mujer en la puerta con otro hombre. Al entrar en casa encontró un periódico en donde decía que su empresa había cerrado; y otro recorte en donde vio que el nunca llego a su empresa aquel día lluvioso que parecía que acababa de empezar

No hay comentarios:

Publicar un comentario