domingo, 20 de septiembre de 2015
19-9 (Granada)
De estos momentos en que estas desayunando en un hotel y entra un niño a las nueve de las mañana con los ojos abiertos de par en par, mirando todo de forma curiosa y preguntando que es una u otra cosa; cogiendo tanta comida que cualquiera se da cuenta de que algo se caerá de su plato, y su madre se gira hacia él sonriendo y le quita el plato para echar algunas cosas en el suyo y que pueda llevarlo todo a la mesa sin ningún problema. Se sienta y el que parece algún tío que estaba de viaje junto con sus padres le pregunta que tal había dormido; a lo que el niño grita que había dormido bien como si el responder así le hiciera ganar dinero, un grito que todo el mundo pensaría que es muy dulce y que creo que a casi nadie le acabaría molestando despertar así, al menos después de haber pasado un poco de tiempo. Después comenzó a mirar a su alrededor con ojos curiosos y se me quedó mirando; el niño que tenemos todos dentro, unos más dentro que otros, me hizo enseñarle la lengua, lo que hizo que el niño riera como si fuera la primera vez que lo viera hacer. Y es que a esas edades no hay quien pueda con ellos.
Después de ese desayuno decidí hacer una de las cosas que me encantan, salir a la calle con mi música y perderme entre las calles viendo paisajes, fachadas, pintadas y de la decoración de los diferentes lugares; pero esta vez había algo distinto, estaba en Granada. Durante mi paseo encontré una librería, tenía todos sus estantes llenos de libros, las mesas con más libros de los que parecían poder tener encima, como si fuesen a caer en cualquier momento. Me gusta creer que miré todos esos libros con los ojos de aquel niño de la cafetería del hotel; cada libro era nuevo en mi retina, cada libro con sus tecnicismos (porque todavía no he dicho que era una librería para universitarios y que contenía libros de ciencias, tecnología, literarios o filosóficos que parecían difíciles de comprender si no estabas puesto en el tema) dejaba una marca que era sustituida por el siguiente libro; la librería era bastante pequeña pero puede decirse que me perdí entre cada uno de sus estantes.
Continué mi paseo por Granada y llegué a una tienda de discos, a un lado de la puerta estaba un escaparate bastante grande lleno de discos, libros y películas sobre flamenco; pero al otro lado de la puerta había un pequeño escaparate con discos de indie rock, lo que me llamó bastante la atención; miré a través de la ventana de la puerta y vi una sección de discos por cinco euros, así que decidí entrar para echar un vistazo a la tienda. Al entrar me llegó un olor muy característico de las cosas antiguas, ese olor que hace que todo tenga un cierto encanto particular; comencé a revisar la tienda por el lado más alejado del mostrador, casi todos los discos eran de música flamenca, pero cuando quedaban dos estantes empecé a encontrar discos de indie, pero continué para ver en general la tienda; en el último estante descubrí discos de hard Rock, heavy metal y otros géneros por el estilo; lo que no encajaba con el principio de los estantes. Pero la tienda me terminó de cautivar cuando descubrí la sección de bandas sonoras, esas canciones que están en los mejores recuerdos de las películas que podemos ver millones de veces sin cansarnos, aunque entre los discos de la tienda no estaba ninguna banda sonora de mis películas, y digo mis películas porque en el momento en que las interiorizas y están en ti esas películas son tuyas y de nadie más. Revisé la sección de discos a cinco euros entre risas de nostalgia y silencios de desconocimiento. Entonces me puse a revisar la sección indie, el dueño de la tienda se acercó mi me dijo con una sonrisa en los labios que los discos está en orden alfabético y que si quería algo más en los cajones había muchos más discos. Ante eso decidí empezar por el principio del abecedario y llegar al final. Después todos sabréis el milagro que ocurrió.
Que decir de una ciudad como Granada, como dijo Chino de Supersubmarina ''todo el que ve a Granada se enamora de la ciudad, y después de reunirnos en Granada todos somos algo Granadinos''. Pero yo digo que el primer fin de semana en Granada es algo que sucede una vez y nunca más; y cuando vuelva para subir al Sacromonte, para alegrar el paseo de los tristes bailando, y para que las estrellas nos Alhambren al pasar será otro fin de semana inolvidable.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario