martes, 8 de septiembre de 2015

A la chica de la voz melancólica

Mucha gente no se da cuenta, pero cada día hay un acontecimiento de extraordinaria belleza que casi todo el mundo ignora; el atardecer. Una suceso en que el cielo sangra por un día que esta muriendo, pero que no significa que sea el final, sino el inicio de algo nuevo como es la noche. Al final de la noche pasa lo mismo para dar paso a un nuevo día, el cielo se vuelve mucho más oscuro (porque Harvey Dent nos enseñó que la noche es mas oscura justo antes del amanecer) hasta que aparece el Sol como si fuese una puñalada en mitad del cielo.
Uno de esos atardeceres me acerqué a un pequeño carrusel en el que los niños no paran de dar vueltas; es curioso como con algo tan simple como un caballo, un coche o un camión de bomberos, puede hacer a los niños reír durante horas, seguramente imaginando que conducen en un gran campo o en un circuito en el que pueden ganar el campeonato del mundo. Solo un niño puede saber como se siente en ese momento.
Cerca del carrusel hay una pequeña zona con rocas, es la zona más cercana al mar del paseo; normalmente no suele haber nadie, lo considero mi pequeño refugio. Pero hoy no me estaba esperando la piedra en la que siempre me siento, al menos sola, hoy había una chica allí sentada. Era la primera vez que veía a alguien ahí y, ya que había bajado y me había visto, poca salida quedaba; así que decidí sentarme en mi roca de siempre. Me quedé mirando el atardecer sin decir nada, viendo los colores rosáceos pensando en que esa chica tal vez se sintiera incómoda con mi presencia, que tal vez ella pensará que aquel era su refugio particular y que yo había ido para quitárselo; pero, jo, también era el mío y no podía llegar y cambiarlo todo simplemente estando ahí.
Decidí sacar mi móvil para hacer diez o doce fotos, porque me encantan los amaneceres y atardeceres, las señales que nos enseñan que hay un cambio. Al acabar de hacer las fotos miré a mi lado y fue cuando me dí cuenta de que la chica me estaba mirando; me puse bastante nervioso, estaba en mi refugio y me estaba mirando. Decidí sonreír como solución amable, y ella me devolvió la sonrisa; y que sonrisa.
Entonces me fijé más en ella, en su belleza, en su camiseta de Batman que cubría unos pequeños vaqueros que mostraban sus piernas hasta llegar a unas Converse negras un poco gastadas, pero todos sabemos que las Converses cuanto más gastadas mejor. Entonces le pregunté si había visto las últimas películas de Batman dirigidas por Nolan; sí, a veces puedo ser un poco idiota haciendo preguntas muy tontas, pero con la cantidad de personas que se ponen camisetas con símbolos que desconocen tenía que saberlo, y más estando en mi refugio.
El caso es que a partir de esa pregunta empezamos a hablar, empezamos por Batman, seguimos por muchisimas series, seguimos con música y, lo que empezó siendo un atardecer junto a una desconocida, acabó como una noche con una amiga de las de toda la vida, de esas amistades que no recuerdas cuando empezaron porque parece que siempre estuvieron ahí.
Mientras hablábamos mi cabeza decía que esa chica era rock, era pasión desbordada que hacía que todo lo que tocará cambiará para mejor; era fuego que purificaba todos los pecados y, jo, esa chica era diferente a las demás.
Sobre las tres de la mañana dejamos nuestra charla, aunque, no sé ella, pero yo tenia muchas ganas de continuar. Me ofrecí acompañarla a casa, pero me dijo que vivía cerca y no era necesario, así que me encaminé entre las luces de la noche hacía mi casa; al llegar a casa me dí cuenta de un detalle que era bastante importante. No solo no sabía su nombre, sino que tampoco le había pedido una forma de contactar con ella, pero al final eso no importaba ya que seguro que mañana estaría en nuestro refugio sentada cuando yo llegará, con un aspecto de señorita Rock N Roll mirando al mar distraída, y al llegar me dirá hola con su preciosa voz melancólica.

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