En aquella terraza el sol golpeaba con fuerza, pero el gran toldo ofrecía protección a todos los que allí estábamos sentados, pero había una pequeña abertura, un pequeños agujero que dejaba penetrar a un pequeño rayo de sol que deslumbraba al camarero cada vez que pasaba; la mayoría miraba hacia la televisión viendo como unos hombres jugaban al fútbol por la televisión, pero yo estaba dando la espalda a todo ese espectáculo deportivo, mirando a una pequeña plaza en dónde unos niños jugaban bajo la atenta mirada de sus madres y padres; ya sabéis como funciono por dentro, seguramente lo sepáis mejor que yo mismo; no sé como lo hago pero siempre acabo tropezando con la misma piedra una y otra vez, y muchas veces parece que por muy diferente que haga las cosas siempre acabo en el mismo lugar; muchas veces izquierda o derecha no cambia tanto el destino al que llegas. Pero en esa terraza he decidido respirar profundo y parar el tiempo por un instante; poder ver las cosas que pasan en un parpadeo, en un rápido destello del sol al reflejarse en una superficie.
Lo primero que llama la atención es la facilidad con la que ven el mundo los niños, ellos no están manchados por el lodo de la sociedad, ellos no necesitan mentir; los niños siempre dicen la verdad. Además que, al no estar manchados, no saben discriminar, ni desconfiar; los niños corren, ríen, cantan, lloran y se encariñan de verdad. A veces pienso que un mundo gobernado y dirigido por niños seria un mundo más autentico; no más justo o mejor, pero si más autentico. Después es inevitable fijarse en los padres, en esos padres que miran embobados a sus hijos. es normal, ser padre tiene que ser una sensación y mezcla de emociones única, pero luego ves (y esto puede ser una metáfora) a otros padres, padres que parece que los hijos no son suyos de lo poco que aprovechan esa paternidad, ese regalo que la naturaleza les ha dado y los que pueden ser los años mas bonitos para un ser humano adulto.
Después al fondo están un grupo de ancianos, un grupo de personas que han dado una vida de trabajo por sus familias, con un millar de historias que contar y enseñar, pero en una época en la que nadie quiere escucharlas, una época en la que solo les queda reunirse para contarse sus historias entre ellos, una época en que cualquier chaval no los escucha porque todo lo que pueden contar está en internet. Los ancianos son aquellos grandes olvidados de esta sociedad, son aquellos que pueden enseñar a los niños como mejorar el mundo. Los ancianos pueden ser la solución para mejorar nuestro futuro.
Parece que el partido a mi espalada se siguió desarrollando a pesar de mi falta de atención, los niños siguieron jugando con al atenta mirada de sus padres, los ancianos siguieron contándose las historias de cuando todos eran mas jóvenes. Yo decidí pagar mi bebida y levantarme para continuar solo mi viaje, porque, por raro que suene, tú no estabas allí.
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