¿Sabéis esa sensación de que por mucho esfuerzo que pongas en algo nunca serás el primero?¿Cuando demuestras muchas cosas pero después no te lo valoran? Pues yo sí.
Muchas veces me han dicho que soy demasiado bueno, trato de cambiarlo y ser más cabrón ¡de verdad! Pero creo que, como le pasa a todas las personas, me es imposible dejar de ser como soy, no puedo ir contra mi propia naturaleza ni forma de ser; es como si por mi personalidad estuviera destinado a estrellarme contra el mismo muro infinitas veces; creo que por muchos años que pasen seguirá siendo lo más normal en mí reír por fuera aunque este diluviando en mi interior, intentar no exponer mis verdaderos sentimientos para no herir a nadie a mi alrededor. Creo que pocas personas puede decir que he tenido malos gestos con ellos (que alguno hay, no digo lo contrario), pero la mayoría creo que solo pueden hablar bien de mí, aunque en realidad no sé si dar por seguro esto porque creo que, como estoy acostumbrado, puedo llevarme más de una sorpresa. También decir que hay momentos que deberían ser míos, de disfrute y uso particular, que trate de compartir directamente con los demás, traté de teletransportar a las personas hasta el sitio en dónde estaban hasta mi lado; pero eso no es algo que me disgusté, me encanta poder hacer participe a mis amigos de esos momentos y hacerlos felices.
Ahora viene una parte (porque esta entrada está escrita en papel desde una mesa de la biblioteca) en que digo que no sé si publicaré o no esta entrada, que no sé si algún día alguien la leerá, si alguien que la lea se sienta identificado con ella o si, como tengo la sensación, escribo entre sombras mientras busco alguna luz
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